¿Sos un líder ejecutivo o un líder íntegro?
¿Qué tipo de líder sos realmente? Una pregunta que me están haciendo en entrevistas y que vale la pena hacerse antes.
En las últimas entrevistas ejecutivas me están haciendo una pregunta que antes no aparecía.
No es sobre resultados. No es sobre metodologías ni sobre cómo escalé equipos. Es una pregunta más incómoda, más difícil de responder con un número:
¿Qué tipo de líder sos?
Y lo que está detrás de esa pregunta, aunque no siempre se diga explícitamente, es esto: ¿sos alguien que ejecuta bien, o sos alguien en quien se puede confiar?
No son lo mismo.
Existe un tipo de líder que el mercado lleva décadas perfeccionando. Sabe leer un P&L, gestionar OKRs, tomar decisiones rápidas bajo presión, escalar equipos sin perder foco. Mide todo. Prioriza la eficiencia. Entrega resultados.
Es el líder ejecutivo. Y tiene un valor real e innegable.
El problema no es que exista. El problema es cuando se convierte en el único modelo posible.
Porque ese liderazgo tiene un costo que no siempre aparece en el balance: la erosión lenta de la confianza. Los atajos que se acumulan. Los equipos que ejecutan pero no se sienten parte de nada. Los resultados que llegan pero no se sostienen cuando el líder no está.
El otro modelo es menos visible en los organigramas y más difícil de medir.
Bill George lo llama liderazgo auténtico liderar desde el True North, esa brújula interna que no cambia cuando cambia el contexto. Jim Collins lo llama Nivel 5: la paradoja de la humildad personal y la voluntad profesional como motor de la excelencia sostenible. Lo que ambos tienen en común es que no se trata de imagen. Se trata de carácter.
El líder íntegro no es el que habla bien de los valores. Es el que los sostiene cuando hay presión para no hacerlo. El que asume lo que le corresponde cuando algo sale mal. El que construye equipos que funcionan sin él.
Pero ese liderazgo también tiene su propio riesgo: sin disciplina operativa, sin la capacidad de sostener la urgencia que el negocio exige, puede quedar atrapado en la reflexión sin llegar a la ejecución. Puede generar equipos que se sienten acompañados pero no desafiados. Puede idealizar los procesos hasta que el negocio lo supera.
La tensión entre los dos modelos no es un problema a resolver. Es una condición permanente del liderazgo real.
Lo que sí se puede hacer es conocerse. Saber desde dónde operás habitualmente. Entender qué te cuesta y qué te sale solo. Reconocer cuándo tu fortaleza se convierte en punto ciego.
Nadella tomó Microsoft, una empresa con cultura de sabelotodo, silos internos y obsolescencia tecnológica, y la transformó no con una estrategia brillante sino cambiando quién era como líder. De 300 mil millones a 2.3 billones de capitalización en ocho años. No porque fuera el más ejecutivo de la sala. Sino porque era el más consciente.
Armé un test de 10 preguntas para invitarte a esa reflexión.
No hay respuestas correctas. No hay un perfil superior al otro. Hay una pregunta al final de cada resultado que vale más que el puntaje.
o un líder íntegro?
Referencias
- George, B. (2003). Authentic Leadership. Jossey-Bass.
- Collins, J. (2001). Good to Great. HarperBusiness.
- Nadella, S. (2017). Hit Refresh. HarperCollins.