“La naturaleza aborrece el vacío”. Vos, ¿qué espacios estás creando?
Gracias Dios por permitirme escribir un día más.-
Aristóteles lo sentenció hace siglos: “La naturaleza aborrece el vacío”. Una verdad que resuena no solo en el universo físico, sino también en el día a día de nuestras vidas.
- ¿Acaso no sentimos esa misma repulsión instintiva a las hendiduras?
- ¿El dolor a las ausencias intentando llenar cada resquicio con objetos, compromisos y hasta con ecos de un pasado que se niega a marcharse?
- ¿El silencio en esa conversación que tiene que completarse con palabras vacías?
Creando tu nuevo y propio espacio
“Crear un espacio para lo que deseas”. La frase palpita con una lógica tan sencilla como profunda. Es la ley primordial del universo manifestándose en nuestros armarios, en nuestros calendarios, en los cajones repletos de recuerdos. Si la puerta de tu placard se resiste a cerrar, si la montaña de ropa amenaza con un alud de texturas olvidadas, es la propia física interna gritándote una verdad ineludible: “Tenés que ordenar”.
En esencia, ordenar es mucho más que organizar objetos. Es un acto de introspección, un vaivén entre el adiós y el hola. Es soltar lastre para aligerar la marcha, levantar el ancla para navegar. Como Cerati susurró en una melodía que se hizo mantra: “Decir adiós es crecer”. Y ese crecimiento a menudo exige una poda consciente, una liberación voluntaria de todo aquello que ya no nos define ni nos impulsa.
Inventario para valientes
Detente un instante y observa a tu alrededor.
- ¿Cuántos elementos físicos permanecen inertes desde hace seis meses?
No hablamos de ese abrigo invernal que aguarda su momento estelar, sino de aquella prenda olvidada en el fondo del cajón, de ese libro cuyas páginas jamás se abriste, de los papeles apilados bajo el mantra ilusorio del “por las dudas”. ¿Acaso vale la pena seguir cediéndoles espacio vital?
Quizás, en ese acto de desprendimiento, descubramos una verdad aún más hermosa:
Crear un vacío y el universo te enviará cosas para llenarlo.
No se trata de una promesa mágica, sino de una consecuencia natural. Al liberar espacio, generamos la posibilidad de que lo nuevo entre, de que las oportunidades florezcan donde antes solo había acumulación.
Micro‐reto de 10 minutos
- Elegí un estante.
- Saca todo y pregúntate: “¿Me impulsa o me ancla?”
- Devuelve solo lo que responda impulsa.
Conclusiones del espacio
Si te encontrás en esa encrucijada vital, en ese punto donde anhelás un cambio de posición, un nuevo rumbo laboral, relaciones más nutritivas, permitite empezar por lo tangible. Abrí ese placard rebelde, vaciá ese cajón olvidado, revisá esos papeles que aprisionan historias pasadas.
Comenzar a limpiar, ordenar y generar espacio no es solo una tarea doméstica, sino también un acto de profunda coherencia con el universo, y de conexión con vos mismo. Es preparar el terreno para la siembra de tus nuevos deseos. Es recordarle a la naturaleza de tu propia existencia que estás listo para recibir, para crecer, para florecer en el vacío que creaste con valentía. Porque, al final, el vacío no es ausencia, sino la promesa latente de todo lo que está por venir.
¿Y vos? ¿Qué espacio vas a empezar a crear hoy?